
Los alumnos de 4º de ESO han vivido recientemente una experiencia muy especial junto a los niños y niñas de 1º, 2º y 3º de Infantil, en una actividad que ha combinado ciencia, creatividad y aprendizaje compartido.
El proyecto, desarrollado desde la asignatura de Cultura Científica, tenía como objetivo acercar la ciencia a los más pequeños de una manera divertida, visual y adaptada a su forma de entender el mundo. Para ello, los alumnos mayores no solo prepararon dos experimentos científicos, sino que también diseñaron y elaboraron con gran dedicación un cuento pop-up, pensado especialmente para captar la atención y la imaginación de los niños de Infantil.
La jornada comenzó con la lectura de este cuento, creado y construido por los propios alumnos de ESO. A través de historias llenas de color y elementos desplegables, los pequeños se adentraron en un mundo donde la ciencia y la magia parecían ir de la mano.
A continuación, llegó el momento de experimentar. Los alumnos de 4º ESO guiaron a los más pequeños en dos actividades: la pintura con burbujas y los colores que bailan en el aceite. Con gran entusiasmo, los niños soplaron, observaron y se sorprendieron al ver cómo los colores aparecían, se mezclaban y se movían.
Uno de los aspectos más destacados de la actividad fue la capacidad de los alumnos mayores para adaptar las explicaciones científicas a un lenguaje sencillo, cercano y comprensible. Conceptos como la tensión superficial o la densidad se transformaron en ideas accesibles, acompañadas de gestos, ejemplos y mucha imaginación, logrando que los pequeños no solo participaran, sino que también comprendieran lo que estaban viendo.
Más allá del aprendizaje científico, la actividad supuso una oportunidad única para desarrollar habilidades como la comunicación, la empatía y el trabajo en equipo. Los alumnos de ESO asumieron un papel protagonista como guías y referentes, mientras que los niños de Infantil disfrutaron descubriendo, preguntando y creando.
Sin duda, fue una experiencia profundamente enriquecedora para todos. La ilusión de los pequeños, la responsabilidad de los mayores y el ambiente de colaboración hicieron de esta jornada un momento muy especial que terminó con sonrisas, aplausos y, sobre todo, mucha emoción compartida.
Una vez más, la ciencia ha demostrado que, cuando se vive y se comparte, puede convertirse en una herramienta maravillosa para aprender… y para emocionar.



